viernes, 20 de mayo de 2011

Memorias del Subsuelo

La semana pasada (o la anterior, ya me olvidé) fuimos con Camila y Ale a la feria del libro. Dejando los incordios generados por mi padre de lado, fue un día bastante provechoso. Compramos muchos libros a precios razonables y me encontré con uno que (a mi pesar) decidimos comprar con Camila. Después de leerlo un poco me llamó la atención el narrador, y cuando se lo mostré a Chevriau dijo conocer al autor (Dostoievski) y se sorprendió de que no lo conociera. Resulta que el señor ese era el autor de Crimen y castigo, libro que nunca leí pero que lo escuché nombrar muchas veces y que ahora planeó añadir a la lista de lectura. Tengo que advertir que los primeros capítulos dibujaron a un personaje muy distinto del que sería en la segunda parte, pero su humillación tan mediocre y perversamente humana llegaron a caerme bien. Acá cito un extracto en el que va aumentando en un ligero pero tan bien trabajado gradiente de irritación y desvergüenza que se pueden dar una idea de lo que me cayó bien del personaje:
Les ruego, señores, que presten atención a los lamentos de un hombre cultivado del siglo XIX que tiene dolor de muelas desde hace dos o tres días. Entonces gime de modo distinto que el primer día, no sólo porque le duele, no como un grosero campesino, sino como una persona instruida, impregnada de la civilización europea, como un hombre «desligado del suelo natal y de los principios nacionales», como se dice hoy. Estos gemidos son malévolos, furiosos y no cesan de día ni de noche. Sin embargo, la víctimacomprende perfectamente que no le sirven para nada. Sabe mejor que nadie que irrita y tortura a quienes le rodean y que se tortura a sí mismo sin provecho alguno. Sabe que el público y la familia ante la cual se lamenta escuchan con desagrado sus quejas, en las que no creen, y comprenden que podría gemir de otro modo, más sencillamente, sin afectación, sin esos gorgoritos y esas exageraciones provocadas por la maldad... Y es que justamente en esa humillación a la que acompaña la clarividencia radica lavoluptuosidad. «¿De modo que os molesto, que os desgarro el corazón, que impido dormir a toda la casa?¡Mejor, no durmáis! ¡Así os daréis cuenta de que me duelen las muelas! ¡Ya no soy para vosotros el héroe que pretendía ser! ¡Ahora soy un malvado, un bribón! ¡Mejor! ¡Incluso me siento feliz al ver que al fin me habéis desenmascarado! ¿Os mortifica oír mis gemidos? ¡Peor para vosotros! ¡Voy a lanzar un gorgorito más afiligranado todavía!»

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